Cómo ganar autoridad profesional a través de los contenidos de tu blog

Te voy a hacer una pregunta muy fácil: ¿qué hace que te fíes de una empresa o profesional?

¿Su experiencia? ¿Sus valores? ¿Sus productos o servicios? ¿Su manera de tratar a sus clientes?

¿Podrías escoger solo uno de estos factores? (¿Podría yo dejar de encadenar preguntas?).

Seguro que tienes en cuenta muchos aspectos de una persona para formarte una opinión sobre ella. Aun sin ser demasiado consciente de ello.

Pues lo mismo pasa con una empresa. Solo que, además de convencerte como persona, quien quiera tenerte como cliente deberá ganarse tu confianza también como profesional.

Así que, antes de ponerte a escribir en tu blog, piensa cómo debería comunicarse contigo un profesional para que acabaras contratando sus servicios.

¿Lo tienes?

¿Sí?

Pues aplícalo:

Aporta contenido de valor para tu cliente ideal

Estamos harrrrtos de buscar información que necesitamos en Internet, ¿verdad?

Cada día.

Y más hartos aún de tener que bucear en montones de webs y blogs que, aunque traten sobre el tema que nos interesa, no acaban de solucionar el problema que tenemos en ese momento.

¿A que sí?

Eso te pasa a ti. Y a tu vecino. Y a cualquiera que navegue por el ciberespacio en busca de respuestas.

Entre ellos, tu potencial comprador.

Así que:

Publica artículos que solucionen los mismos problemas que resuelven tus servicios

¿Por qué?

Porque escribir posts que ayuden a tu cliente ideal es la mejor manera de generar confianza en tus capacidades y en la calidad de tu servicio: en lo que tu cliente espera de ti.

Solucionar los problemas de tu cliente es la mejor manera de «venderte sin vender».

Agredecido y emocionado: seguro que vuelve por tu blog.

Y ojo, porque lo de «venderse sin vender» es muy importante (y te contaré por qué en el último apartado).

Si demuestras en tu blog que eres un profesional experto en tu campo, ¿en quién crees que pensarán tus lectores cuando necesiten los servicios que tú ofreces?

Ajá: en ti, claro.

¿Por qué arriesgarse a contratar a un desconocido del que no saben nada si tú tienes los conocimientos que necesitan?

Escribe pensando en el beneficio de tu cliente y estarás escribiendo también por tu propio beneficio. ¿Cómo? Así:

Anticípate a sus problemas

Conoces a tu cliente ideal, ¿verdad?

Sabes cómo es, qué necesita, qué quiere y cómo lo quiere… Entonces, ¿por qué no darle en bandeja el contenido que está buscando relacionado con tu producto?

Ayúdale.

Es así de sencillo: escribe pensando en qué necesita. ¿Qué búsqueda introduciría tu cliente en Google si quisiera saber algo relacionado con tu servicio?

¡Escribe un post sobre ello!

¿Tienes una tienda de productos veganos? Habla sobre dietética, sobre alimentos libres de componentes animales… sobre temas relacionados con tu producto.

¿Eres un apasionado de la mecánica y reparas automóviles? Ahí está la junta de la trócola… Ese misterioso y maravilloso mundo. 😉

Tus artículos muestran tus conocimientos en la materia. Cada buen post de tu blog está diciendo a gritos al universo entero que, oye, sabes de lo que hablas.

Como publicidad no esta mal, ¿no?

Resuelve sus dudas

Una duda resuelta a tiempo es una objeción menos para comprar.

Solo por eso ya valdría la pena peinar todos los blogs y foros del ciberespacio, ¿verdad?

De ellos puedes sacar un montón de ideas para nuevos artículos. Resuelve esas dudas con tus contenidos y tendrás lectores agradecidos, en el peor de los casos. Y, en el mejor, clientes medio convencidos. 😉

Pero no te limites a los artículos: hay vida más allá (o más abajo) del post. Responde cada uno de los comentarios de los lectores de tu blog.

Habla con tus lectores: ¿cómo puedes ayudarles?

Recoge sus dudas y dales solución en futuras entradas. Te lo agradecerán toda la vida. Sin exagerar.

Resolviendo las dudas de tus lectores muestras tu experiencia y tus conocimientos del sector. Te conviertes en una fuente de referencia en tu campo.

En un experto.

¿Y quién no quiere ser atendido por un experto?

Muestra quién eres

Ya has demostrado que eres un profesional como la copa de un pino; ahora toca generar confianza en ti como persona.

Que sepan que eres de fiar, vaya.

Y aquí es donde te voy a explicar lo que te adelantaba un poco más arriba de «venderse sin vender». Porque en un blog no se vende. En un blog se informa.

En un blog se ayuda.

¿Desinteresadamente? ¿Así de buenos somos?

Bueno, ya sabemos a estas alturas del post que tu contenido es bueno para tu público y bueno para ti, ¿no?

Pues quédate con eso.

El contenido de tus artículos ya te aporta un beneficio: tu lector ya sabe que puedes ofrecerle el tipo de producto o servicio sobre el que necesitaba información y, también, que eres LA persona adecuada a la hora de contratarlo, si finalmente se decide a hacerlo.

Peeero como intuya que estás intentando venderle algo a toda costa… bye bye venta.

Así vivirá tu ya-no-cliente ese momento.

¿Por qué?

Porque estarás perdiendo la confianza que tenía en ti como persona.

Ya no verá en ti a alguien que le quiere ayudar: te verá como un cazador; alguien que está pensando solo en su propio beneficio (y al que no conoce personalmente y en quien, por tanto, no sabe si puede confiar).

Así que gánate la confianza que mereces:

Muestra tu lado humano

Que se vea que eres de carne y hueso. Que tras esa pantalla se esconde (o no) una persona.

¿Quién eres? ¿Qué te gusta? ¿Cómo te expresas normalmente? ¿Por qué haces lo que haces? ¡Muestra tu pasión por tu trabajo!

No hace falta que escribas posts específicos para resolver estas cuestiones (es más: no lo hagas), pero sí que debes dejar entrever quién hay al otro lado.

En el fondo no compramos productos. Ni confiamos en empresas. Compramos la confianza que la persona que nos ofrece el producto nos merece.

Porque si Andrés Iniesta, que parece majete, dice ke estos helados le ilusionan, pues oye: Kalise para todos.

¿No?

¿Y tú? ¿Creas contenidos ke ilusionen a tus lectores?
Cuéntamelo en los comentarios 😉


¿Quieres recibir mis próximos artículos por correo electrónico?

Consulta la política de privacidad.

Copywriting que no sabías que era copywriting (y que has aplicado sin saberlo)

¿Crees que exagero si te digo que eres un experto copywriter?

¿Sí? ¿Seguro?

Apuesto a que después de leer este post me darás la razón. Y no solo eso, sino que podrás potenciar esos conocimientos que no sabías que tenías para mejorar los resultados de tu negocio.

Pero empecemos por el principio:

¿Qué es el copywriting?

Palabro que quizás no conocías y que te inquieta un poco. No te preocupes: te lo explico.

Podría enrollarme más y darte una explicación más larga, pero voy a decírtelo de una manera muy sencilla: el copywriting consiste en escribir para vender algo a alguien.

«Algo».

«A alguien».

¿A qué viene tanta comilla?

Tanta comilla viene a decir que es tan importante saber qué quieres vender como a quién se lo vas a ofrecer.

Como habrás deducido ya, cuando hablo de vender lo que realmente quiero decir es conseguir un objetivo. Conseguir algo de alguien. Y ese algo va desde una venta hasta un seguidor en tu blog.

O lo que tú quieras.

Se trata de hacer que tu lector realice una acción. A partir de aquí, tienes libertad absoluta.

«Sí, claro, Silvia; pero, ¿cómo hago yo eso?»

En realidad, como lo has hecho siempre sin darte cuenta. Pero de manera consciente, cuidando cada palabra para aprovechar al máximo cada frase.

Y colocando cada frase en el lugar adecuado para provocar en tu lector la reacción que tú quieres.

Ojo, que no es hipnosis, ¿eh? El copywriting es escritura persuasiva. Nada más (y nada menos).

Pero no me enrollo más. Sigue leyendo y dime si conocías o no estas técnicas para ganar clientes.

Yo estoy segura de que sí.

Técnicas de copywriting web para conseguir clientes

No te asustes.

No voy a hablarte de técnicas supercomplicadas imposibles de aplicar a tu negocio. Verás que con estos tres consejos de copywriting podrás sacar más partido a tu web con unos sencillos cambios.

1. Conoce a tu cliente ideal (y háblale como si lo tuvieras delante)

Fácil, ¿no?

Piensa en uno de tus productos o servicios. Cualquiera. El que más te interese vender en este momento.

Ahora, visualiza el momento de la venta. Tienes al cliente perfecto para ese producto delante de ti: ¿cómo es?

Su género, su edad, sus aficiones, qué le preocupa, que le interesa… todo eso que tienes en cuenta a la hora de hacer una venta en vivo y en directo. En el fondo ya sabes de qué va esto, ¿no?

Lo has hecho mil veces.

La diferencia es que no puedes ver su reacción. No puedes rectificar tu discurso según la cara que ponga. Tampoco puedes resolver las posibles dudas que le vayan surgiendo mientras habla contigo.

Adapta el tono de tu escritura y el nivel de tu discurso al perfil de tu cliente ideal. No utilices un lenguaje supertécnico con alguien que apenas sabe de qué le estás hablando; no te va a entender. Y se va a ir.

Y el copy va de eso, de que te entiendan y vean claramente que lo que les ofreces es lo que necesitan. Y que no se vayan.

Asegúrate de que captar su atención desde el primer momento en los textos de tu web.

«Espera… ¡No te vayas!»

Si lo pierdes en el tercer párrafo, bye bye venta.

2. Conoce a tu competencia (y muestra en qué la superas)

Seguro que sabes quién más ofrece productos parecidos a los tuyos al mismo tipo de clientes que tú persigues.

Y seguro que también sabes qué ofrecen exactamente a sus clientes.

¿No?

Pues deberías.

Si no conoces sus fortalezas y sus debilidades no puedes saber en qué eres tú mejor que ellos. Ni destacarlo sobre el resto de tus servicios para que tu cliente lo vea.

Los demás no lo tienen. Y tú sí. Eres la mejor opción. ¿Por qué comprar a otro si tienen en ti al mejor?

3. Muestra a tu cliente ideal por qué necesita tu producto (y por qué es mejor que el de la competencia)

Bien. Ya conoces a tu cliente ideal. Sabes cómo es y lo que más le conviene. Y también sabes qué hacen tus competidores.

Seguro que hay algo que tú ofreces y los demás no. Un tipo de atención especial. Unas condiciones determinadas. Un servicio express ultra rápido.

Algo.

Explica cuáles son los beneficios de tu servicio

No digas que tienes un servicio rápido; dile a tu cliente que se olvide de las prisas y dedique ese tiempo que tú le ahorras a cuidar las plantas de su jardín. O a jugar con sus hijos.

O a ensayar con su grupo de heavy metal progresivo.

Lo que sea.

Lo que hace especial a tu producto no es la rapidez; es lo que tu cliente puede hacer con el tiempo que gana al contratarte: dedicarlo a las cosas que son importantes para él.

Resuelve sus dudas

Todas.

Antes de que puedan convertirse en un pero a la hora de comprar o contratar.

Detalla al máximo lo que incluye tu producto o servicio.

Derriba sus posibles objeciones («seguro que es muy caro»; «¿y si luego no me gusta»; «¿y si cambio de opinión?»). La cabeza de un comprador está llena de «y sis».

Conócelos de antemano y resuélvelos en un apartado de preguntas frecuentes.

En Internet, tu cliente está a un solo clic de salir de tu página (para irse a la de la competencia). Una sola duda y ciao.

¿Recuerdas aquella vez que decidiste no comprar en una web porque no había testimonios de otros clientes?

Sí, justo esa que estás pensando.

El producto te gustaba. No era caro. Te quedaste con ganas de hacer clic en el botón de compra.

Pero no te atreviste.

Si el vendedor no había aportado opiniones de otros compradores, por algo sería, ¿verdad? No te fiaste. Y el mismo artículo se vendía también en otra web con un montón de valoraciones positivas.

¿En cuál hiciste la compra?

Incluye testimonios de clientes satisfechos. Tienen superpoderes. Y lo sabes, porque tu decisión de comprar algo por Internet ha llegado muchas veces después de leer un comentario.

Imagina que, llegado ese momento, el vendedor te ofrece también garantías que te permiten cambiar de opinión después de la compra.

«Véndeme algo, ¡por favor!»

Te gusta el producto. Estás de acuerdo con el precio. El vendedor ha derribado sin piedad cada uno de los «peros» y los «y sis» que han asaltado tu mente. Has leído testimonios de otros clientes satisfechos.

¡Y encima puedes cambiar de opinión y te devuelven la pasta! ¿Estamos locos o qué?

Ofrece garantías a tu cliente para que compre sin miedo; que vea que su compra en ningún caso va a ser un error. A menos que no la haga, claro 😉

Copywriting que tú has hecho sin saberlo

Sí, sí… tú.

¿No te lo crees? Pues sigue leyendo (y luego me cuentas). Verás como eso del copy no es algo tan raro ni tan difícil de aplicar.

Vamos a hacer un ejercicio (será divertido, te lo prometo).

Te voy a dar los ingredientes de una historia para que tú te montes la película como más te guste.

Apunta:

  • Domingo.
  • Comilona familiar (20 personas).
  • Restaurante con parque infantil.
  • Comida de esa buena de chuparse los dedos limpiarse muy finamente con la servilleta.
  • Otro restaurante (pequeño, sin parque y con un menú meh).

¿Lo tienes? Bien.

Atento, que esta es tu misión: convence a tu hijo de 5 años, a tu abuela de 91 y a tu hermano, el cocinitas solitario, para que ardan en deseos de comprarte el plan dominical que vas a cocinar con los ingredientes que te he dado.

¡Hala! Ahí te lo dejo; tienes 5 minutos para trazar tu estrategia comercial.

¿Ya lo tienes? ¿Sí?

A ver si coincide con la mía. Vamos allá:

Si a tu hijo le dices que tu plan para el domingo es ir a un restaurante de postín a estar sentado y comer cosas que no conoce (ni ganas), quizás no le atraiga demasiado la idea. En cambio, si le cuentas que van a ir también todos sus primos y que podrán jugar en los columpios que hay en el patio, igual afronta el evento con otro espíritu.

Lo mismo para tu abuela: puede que los columpios no sean un buen argumento para convencerla (ni una buena idea para su cadera), pero tener a todos sus hijos y nietos (¡y bisnietos!) juntos en la misma mesa después de tanto tiempo es una oferta que no va a poder rechazar.

Respecto a tu hermano: es un poco raro (desde el cariño) y poco amante del jaleo y los grandes eventos familiares, pero, oye: en ese restaurante tienen una deconstrucción de huevo frito con espuma de trufa al aroma de frutos otoñales del bosque que quita el sentido. Y además, antes de que se dé cuenta, los sobrinos habrán migrado a los columpios, llenando de gritos el patio y devolviendo la paz al comedor.

¿Quién no te va a comprar ese planazo? Si no van ellos, dímelo. Y voy yo.

Estupendo, fantástico, maravilloso, pero ¿dónde está aquí el copywriting?

En lo que has hecho para convencer a cada uno de ellos de que comer el domingo en ese restaurante era lo mejor que le podía pasar en la vida.

Vale, a veces soy un pelín demasiado entusiasta. Quizás puedan aspirar a algo más en este mundo, pero ves lo que te quiero decir, ¿verdad?

La comida es la misma, pero cada uno está interesado en una parte de ella.

Y hay que presentársela de diferente manera, tanto en forma como en contenido.

Conocías perfectamente a tu audiencia, así que sabías qué le interesaba de tu plan de domingo.

Esto es lo que quería tu hermano. Y tú lo sabías.

Le has detallado a cada uno de ellos los beneficios de la reunión: desenfreno y diversión loca en los columpios; tener a la familia reunida (con lo que cuesta juntarlos a todos) y, en el caso de tu hermano, darse un homenaje culinario sin pequeñas criaturas infernales correteando a su alrededor.

Y seguro que no has utilizado el mismo lenguaje para todos. ¿O sí?

Yo te estoy hablando como si te conociera de toda la vida porque me parece que tienes que ser una persona maja. ¿Por qué? Llámalo feeling, si quieres, pero solo hay tres posibles motivos por los que ahora estás leyendo esto:

  1. Porque te interesa lo que puedes aprender en este post.
  2. Porque te gusta como te lo estoy contando.
  3. 1+2 (#esoesasí; es la magia de las mates: no fallan).

Si tu caso es el primero, he acertado con mi lector ideal: estoy hablando de copywriting a alguien que necesita aplicarlo a su negocio y no sabe cómo hacerlo.

Si es el segundo, y estás aquí solo porque te gusta cómo te estoy contando esto, es que eres una persona maja, porque es el tipo de lector en el que estoy pensando.

De nada.

Y, si es el tercero, me beso y me abrazo por mi talento inconmensurable y por haber acertado de pleno 😉 (es importante quererse a una misma).

En cualquier caso, hasta ahora me ha funcionado, porque has llegado hasta aquí. Y si has aguantado la película de la comida familiar del domingo, muy mal lo tendría que hacer en adelante para que te fueras a estas alturas del texto.

Tu familia te ha comprado la comilona igual que tú me has comprado este post.

Capito?

No serás capaz de decirme que no habías aplicado estas tácticas supercomplicadas alguna vez en tu vida… (porque no te creería) 😉

Y ahora, ¿qué me dices? ¿Eras o no eras un experto copywriter?

Déjame un comentario contándome en qué nivel de copywriting estás (piltrafilla, apañado, dios… no seré yo quien ponga límites a tu talento).

¡Ah! Y explícame tu película para la comilona dominguera. ¡Voy a por las palomitas!


¡Suscríbete si no quieres perderte mis próximos artículos! 😉

Consulta la política de privacidad.